UN PRIMER PASO HACIA LA VERDAD


La Ley del Karma
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No tengan sexo sin amor.


¿Por qué no debemos tener sexo sin amor? Analicemos el trabajo de nuestra alma. Cuando nos dedicamos al sexo sin amor, nuestra alma trabaja sólo para complacerse. Recuerden la teoría de ondas que estudiamos anteriormente. ¿Qué pasaría si viéramos a los representantes del sexo contrario sólo como un objeto de satisfacción propia? El resultado sería que el sexo contrario también nos consideraría un objeto de complacencia propia. Entonces, ¿a qué se parecerá eso?

Las relaciones entre el hombre y la mujer van más allá del sexo. Suele considerarse que el hombre ama a la mujer por lo que él mismo no posee, mientras que la mujer ama al hombre por lo que no posee ella misma. Si las relaciones mutuas se basan únicamente en la satisfacción sexual, serán unas relaciones vacías. Tales relaciones vacías no nos hacen felices, ni siquiera en este Mundo de los Fenómenos.

De tal manera, el tercer mandamiento, “no cometer adulterio”, significa que ustedes deben abstenerse de las relaciones sexuales en la medida de lo posible, si su objetivo es la Iluminación o la actividad por a la Salvación. Y si buscan felicidad en este mundo, no deben tener el sexo sin amor.


De "La Verdad Absoluta. El mundo de S.Asahara, parte 5".


El verdadero horror de la mentira.


La mentira intensifica el movimiento de nuestra alma orientado a ocultar distintas cosas, lo cual frena la manifestación de nuestro karma. En otras palabras, resulta como si cubriéramos algo con una caja o un saco. Cuanto más mentimos, tanto más se posterga la manifestación del karma. Cuando el karma se manifiesta lentamente, es muy difícil de entender la ley del karma, y vamos acumulando cada vez más malas acciones. Y cuando, en definitiva, ese karma malo se materialice, tendremos que experimentar su retorno muy pesado. Esos son los efectos de la mentira.

La verdad no trae nada bueno. ¿A qué me refiero? No nos retornará un resultado bueno, pero seremos capaces de ver todas las cosas tal como son.



De "Mahayana-sutra, vol. 2".